I
En la habitación
reposa tu desnudez.
La luna
escurre por los postigos,
dibuja su filo alimonado
sobre la pared.
¿Qué hay después de ti?
Miro la morada curvatura
de tu mano extendida
y recuerdo la historia del cazador
hundido en la ciénaga.
Los mil brazos de Dios
cortados por el mismo cuchillo.
II
Dolor del cielo.
Adivino el trabajo de la muerte
entre vísceras,
el zarpazo que la noche libera.
III
Quiero retener el instante
donde la levedad
apura el vuelo.
Explorar la raíz,
el brote,
el árbol azuzador
de nubes y de pájaros.
Y sólo tengo palabras.
IV
La voz de la infancia,
eco en el vacío,
escalera de agua
hacia los vientos.
Y yo, en la orilla,
anclado a mis islas de sangre,
veo al aduanero pródigo
imantar su grácil barcaza.
V
¿Qué extraña fuerza
concierta el sacrificio,
qué persigue la soledad de la razón
un segundo antes de la muerte?
VI
Una lluvia, en marzo,
bautiza la guarida.
Me alejo del cuerpo inmóvil.
Estuve tanto allí.
VII
Padre,
en tu nombre abrazo lo más bello.
viernes, 16 de mayo de 2008
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